Ayyy el amolll, ese sentimiento tan bonito entre dos personas. Dos, sólo dos.
Hasta que llega tu familia y empieza a preguntar que cuándo van a conocer a esa persona. Y te meten en una encerrona, y cuando te das cuenta te has comprometido a llevar a tu amoll a una comida familiar de casi 30 personas.El viaje comenzó por las llanuras manchegas. Cuando llegué a su casa le dije que bajase, que nos íbamos. El verle blanco y con cara de susto empezó a preocuparme.
Nos montamos en el coche y amoll no quería seguir las indicaciones del GPS, me decía, noooooo, por ahí no, mejor haz lo contrario. Por un momento llegué a pensar que lo que en realidad quería era llevarme en dirección contraria al evento familiar. Pero yo fui lista, ya se sabe que para eso las mujeres tenemos un sexto sentido, y sin poder evitarlo, llegamos a la morada familiar.
Y ahí empezó su calvario: de repente y sin poder evitarlo se vio rodeado de hermanos, cuñados, tíos, primos, padre, esposa de padre (que somos así de modernos oiga), primos de padre, sobrinos de padre, niños pequeños que corren por los pasillos y para más inri, un perro.El pobre se quedaba en el pasillo, de pie, sin saber muy bien quién era quién en esa casa de locos ni con quién hablar.
Le dije que me diera la chaqueta y me la dio a regañadientes. Le dije que me diera el bolso, y se negó en rotundo. Creo que pensó que si en algún momento tenía que escapar de esa vorágine, al menos llevaría dinero y documentación. Y el billete de tren. No sólo no soltaba el bolso, sino que insistía en llevarlo colgado, supongo que por las prisas.
Mientras parte de la familia hace un bizcocho, otra parte está en el baño (si, en mi familia nos metemos en el baño de 6 en 6) arreglándose. La otra parte da vueltas por el pasillo, y gritan, gritan mucho. El pobre amoll no sabe dónde meterse, creo que por su mente pasaba la frase "que coño hago yo aquí".
Llegado el momento de la comida, partimos hacia el restaurante. 30 personas caminando juntas hacia un mismo destino. Niños, viejos, adolescentes, un bebé, adultos.. y él.
Llegados al restaurante, nos sentamos en el peor sitio que había. El resto de los adultos han llegado antes que nosotros y han elegido los sitios calentitos. Nosotros nos quedamos sentados al lado de la puerta. Amoll comenta que tiene los pies congelados, el caso es que llevo un rato viéndole un poco morado. Pero no importa, ahora con la comida entrará en calor.
Las fuentes de comida empiezan a llegar a la mesa, pero sorpresa, llevan pescado. Amoll no come. Siguiente plato, lleva queso, amoll tampoco come. Niño pequeño sentado enfrente de amoll come pan con mermelada y amoll se pregunta qué clase de comida familiar es ésta. Llega el siguiente plato. ¿que es eso? pregunta amoll. Ajo de Mataero, le contestamos. Lo prueba, y opina que eso son unas gachas mal hechas. Muy bien amoll, muy bien, así te vas a ganar a mi familia.
Terminada la comida, sin muchos incidentes a destacar, llega la sobremesa. Primos adolescentes se sientan con amoll y él les cuenta trucos que a sus padres no les gustaría saber. Anecdotillas sin importancia que no deben saber nunca los adolescentes. Pero amoll coge confianza, se siente útil y da ideas digamos "no demasiado recomendables".
Terminados postres y cafés, llega la hora del chupito. Y se lo bebe, vaya que si se lo bebe, no le puede decir a mi padre que no se lo bebe.
Después de la comida, lo que apetece es irse al sofá a descansar un rato. Pero claro, mi familia decide que es mucho mejor pasear por el parque a 1ºC y congelarnos un poco más de lo que estamos. Así que, amoll, al parque.
A dar de comer a los patos, a hacernos fotos y a pasar un poco más de frío. Con suerte, hasta te pueden dejar un bonito regalo en el abrigo con forma de excremento de pájaro.Llega la hora de que amoll parta hacia su hogar en el tren. Creo que el pobre ha deseado que llegue este momento desde que pisó Albacete. Y claro, como buena familia, a la estación vamos 4 personas con él, y porque no nos caben más en el coche, que si no vamos los 30 a la estación en plan familia feliz.
Llega el momento de la despedida, amoll se encamina al andén y por fin, respira tranquilo..... Ha sobrevivido a una reunión de piquifamilia y eso es una gran prueba que no todos son capaces de realizar.
2 comentarios:
jeje me recuerda al banquete de boda de mi prima, cuando el novio de mi otra prima quería emborrachar a mi amoll con cazalla y hasta que no bebio de la copa no pararon... jajaja estas reuniones familiares son muuu grandes!
:D
piqui eres wenísima explicando situaciones...me parto. Pobre amoll tuyo...con la otra family será más tranqui...
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